elogio de la velocidad

mi abuela se sube al coche
y emprende su enésima
mudanza. mira por la ventana
con el arrojo de quien
pide una carta
pudiendo plantarse:
dentro de un rato, ya
veremos. piensa
que hace treinta años ya se lo imaginaba
y los días siguen teniendo
ese color de enero,
las calles de tierra y toda la tierra
en las manos. cuida
con la vista cada detalle
de la carretera, como si fueran
miembros de su familia,
porque sabe que a cada pequeño recuerdo
hay que tratarlo con mucho cariño
y darle su espacio. un día,
de repente,
puede que la vida esté compuesta
solamente por ellos.

una vida sin consecuencias

si pudiera hacerte llegar
un mensaje no lo haría. tu obsesión
por la belleza de las palabras
excede al ímpetu que dedicas
a comprenderlas. que no me hizo
falta tu auxilio de bar de abajo
y despedidas apuradas salvo
para enterrar tus virtudes,
a saber, una lista de buenos
ratos y situaciones que nunca
se dieron. de tu agenda
arranqué hasta mi apellido,
pero seguías ignorándolo.
cuando sea el momento,
decías, tendrás que admitirlo;
si fuese por mí, todo sería como antes
y tú no te habrías enterado.

fábula del escorpión y la cabra

a lo mejor, el truco
estaba en esperar
sin desmerecer la espera.
sabiendo desde el principio
que tendremos
que querernos
lo que dura una vida
entera,
tendrían que habernos
enseñado
a valorar por igual
los momentos
de pelea
y los ratos de divertimento.
tendrían que habernos
dicho, sin rodeos,
que todo lo que venía
iba muy en serio.

a lo mejor, sin más,
el truco estaba
en admitir que nos amamos
como espejos.

como siempre

ante todo, por ahora,
quiero que estés
tranquila (aunque
no sea el más indicado
para afirmártelo)
y que te fijes
en una cosa: la vida,
tantas veces
impasible y lejana,
nos va poniendo
en los lugares
necesarios
y las puertas, ya
no tanto por inercia,
se acaban abriendo.

y desde este último
umbral, yo quisiera
poder verlo todo
a la primera,
y tú quisieras
aun más tiempo
después de esa
primera vez, y ambos
transitamos torpes
por esa parte de la historia
que está lejos
alargando cada día
más los brazos,
reclamando
lo que, por derecho,
siempre hemos creído
nuestro, dando
cada vez más por sentado
que amamos
lo que tenemos
-y no tenemos
intención
de estropearlo-.