cuestión de principios

lo mejor de las obras
es cuando empiezan,
cuando derriban
lo que había antes
y uno descubre una vista
nueva (o antigua, según
se mire), con ese trozo
de cielo virgen súbitamente
expuesto, y esas
fachadas detrás
que, de repente, parecen
despertar del letargo
del cemento.

bajando la Rambla, al lado
de una de las excavadoras,
con el aliento
de la tarde renovada
pasabas tú
volviendo del trabajo,
recién estrenado
-del día anterior-
el horario de verano.