nerviosa gracia

hoy te vi inmortal cuando despertabas,
rayada de luz, de sombra, de vida,
de sueño y umbral tan desatendida
que quise quitarle al día su causa.

hoy te vi soñar cuando te acostabas,
cuando al fin a la noche te rendías
y tu exacta y nocturna anatomía
esbozaba el camino a la alborada.

mañana te veré otra vez, prestada
a ser tan intensa, y tan decidida
a ser mejor, aunque te falten ganas,

que olvidaremos las horas perdidas,
reivindicando esa nerviosa gracia
que me sigue, que me da, que me guía.

arte poética

quise hacer un libro de sonetos
y me salió un folleto de mentiras:
unas piadosas, otras sibilinas,
pues no me importa el grado cuando miento.

quise hacer del verso mi tormento
y, a la vez, con maestra alevosía,
arrojarlo a lo alto de una pira
y desarraigarme del dolor del fuego.

y cuántas veces la llama se aviva
brindándome su calor pasajero
de yunques livianos, de flor cautiva.

y cuánto, cuánto amo yo esa calima
que me abrasa la yema de los dedos
y prende los cimientos de mi vida.

lo que te debo

gracias a ti ya no miro al pasado
con ojillos de perra abandonada,
contigo coloreo las escamas
de mi piel con futuros renovados.

mi fe se tiene en pie por tu descaro,
porque antes no me reconfortaba
saber que vivo; que contigo nada
guarda un vacío, un error, un fracaso.

lo peor que tú me des no lo cambio
por lo mejor que alguien me brindara,
ni plenitudes, ni triunfos; acaso

por otro momento, de madrugada,
cuando llegue el rumor del sobresalto:
instante imposible en que no te amara.