arte poética

me autodestruyo a una gran velocidad
-también es veloz y cegador el rayo en la noche
y pronto se le olvida-,
me siento atraído por el sufrimiento
y el dolor, pero no
como todos los demás mortales,
sólo porque intento traducirlos
a un idioma tan concreto
como ambiguo;
muchas veces, como los demás,
sueño que estoy viviendo
como no quiero vivir, buscando
a un semejante en este
estrecho laberinto

pero sé que, afortunadamente,
puedo volver a atarme
cuando quiera a las cadenas
de mis manos; el día
que me sienta libre de ti
que me quiten el recuerdo.

Foto: Laura Torres

Barcelona

a estas horas ya me va
faltando poco
para verte. habré recorrido
media ciudad buscando
un bar desde donde
escribirte, y habré
encontrado el mismo
de siempre. para ser
sincero, haciendo
recuento, no hay terraza
que bordee desde
la que no te haya escrito,
loco por poner el reloj
a andar, sumergido
en el denso caudal
de tu recuerdo.
nos vimos esta mañana,
pero sabes, porque
no hago más que repetírtelo,
que eso todavía
es más que demasiado, y como
aquél que se aleja
para buscar entre el olvido
aquello que un día
echó de menos,
yo me pierdo
todas las vísperas
en idéntico pensamiento,
pero luego
sucede que te miro.

cuando salgo de su casa,

después de visitarla otra vez, escojo la calle que me va peor para regresar. Lo hago porque ella siempre sale al balcón para alargar la despedida. Me busca con la paciencia de quien puede abarcarlo todo y cuando, al fin, da con mi silueta en el tapiz de la plaza, alza y mueve despacio su mano, con la misma cadencia que muestran los años pasando ya para los dos, y yo me giro varias veces para imitarla mientras camino, sin detenerme, para no quitarle valor a un nuevo “hasta luego”. De todo lo que me da, ésto es lo que recuerdo con más ternura. Bueno, habría que añadir que, una lejana mañana de octubre, dio a luz a mi madre.