eterna deriva de un beso

si te necesito no lo sé.
pero hay una fuerza insólita,
oculta en su forma de secreta
amenaza, que no ha parado
de crecer dentro de mí
hasta convencerme.
me aguarda siempre,
entre los últimos
pensamientos antes
de dormirme, la imagen
distorsionada de nuestros
momentos juntos -pendientes
de un reloj, de un pitido-,
diminuta como el cadáver
de un insecto, llevado al suicidio
en la noche de autos.
y como sé que no me sirve
hacer recuento, que no
voy a encontrar un solo
motivo que excuse esta nada,
me juro a mí mismo
que estoy en lo cierto:
el más largo tiempo
me ampara. no existes.
seguro que también lo prefieres.

una vida sin consecuencias

si pudiera hacerte llegar
un mensaje no lo haría. tu obsesión
por la belleza de las palabras
excede al ímpetu que dedicas
a comprenderlas. que no me hizo
falta tu auxilio de bar de abajo
y despedidas apuradas salvo
para enterrar tus virtudes,
a saber, una lista de buenos
ratos y situaciones que nunca
se dieron. de tu agenda
arranqué hasta mi apellido,
pero seguías ignorándolo.
cuando sea el momento,
decías, tendrás que admitirlo;
si fuese por mí, todo sería como antes
y tú no te habrías enterado.