la última tarde

qué me queda del verano,
pienso
mientras observo
la playa desde el tren,
de vuelta a alguna parte
donde pasaré las horas
sentado sobre
la moto, fumando
para desencallar mis músculos
de un lento y fútil
desacato;
acaso intentándome
reconciliar con el tiempo,
después de cuánto
lo he repudiado.

(de mi primer poemario, “que empiece la tarde”)

mi primer epitafio

podría pasarme lo que queda de tarde
viendo cómo las últimas
gaviotas se suspenden
en las rachas de aire, las mismas
que azotan toldos
y ropa tendida con la violencia
de una pesadilla
de látigos. las nubes, como boyas
descarriadas al subir la marea,
asumen un color que es ya ceniza
sobre un fondo casi oscuro
mientras, más abajo, se apuran
intercambios, sorbos, besos,
números para el sorteo, deseos
de otras noches. me ha costado
su tiempo y mucha luz natural
pasar de ser el gran protagonista
a un simple espectador,
pero, una vez acostumbrado al cambio,
la vuelta es un reproche
imposible y un delirio,
como el final de ahí fuera.
ahora sobrevuelo
el nido, porque me sostiene
el momento, de una eternidad
ajena en la que todo
parece estar a punto
de acabarse.

círculo de tiza en el suelo

esta mañana
pasé con el coche
junto al cercado que convertimos
en parque, minutos
antes de aquel concierto.
tiempo después,
algo equivocados,
seguimos fumando lo mismo.
el semáforo estaba en rojo
como por primera vez
y he decidido
sacar una foto
y por primera vez he vuelto
a la oficina
sonriendo, y al salir
me has llamado.

dedicatoria

todo lo que te escribo
me parece poco, corto, justo,
como si tuviera que sonar
de fondo una canción melódica
para que todo quedase
más bonito. supongo
que el amor, cuando no pasa,
acaba volviendo a ser así: poco, corto, justo,
como el momento antes de todo
lo que hayamos vivido,
como la mejor versión de uno
mismo; pájaro
que, de vuelta a su rama, observa y no entiende
nada del dolor del mundo.

motivos para no creer

hoy trabajas.
en otra época te hubieran
considerado una hereje.
ahora eres la prueba más evidente
de la consolidación de un modelo
económico. la fe y la pasta
juntas, a la mesa
en domingo, fingiendo que cualquier
contrasentido es irreal,
aunque para mí
tu cansancio y tus palabras
al marcharte sigan
siendo la única
realidad asumible.