la intención de la espina

cuando veo lo malo en los demás
lo achaco a ti, tanto en los ojos
como en las manos. encuentro así un rápido
desahogo, la disculpa que me faltaba,
y entonces me viene nítida la palabra
de un juez de juguete que hace las veces
de doctor las veinticuatro horas del día
para mi habitual consuelo. dejaste
alrededor de mí mucho más
de lo que hubieras deseado,
porque ocurre que sin mover un dedo
se atasca lo peor de una buena respuesta
en el espacio más amplio
y sale a relucir la colección
de intentos. como cuando digo que voy
a escribir, y una secreta organización mundial
contra el deseo creada para la ocasión
se encarga de acabar con todas
mis esperanzas, la vida en la que no estás
tiene la justa amargura de la ausencia
necesaria y el privilegio cruel
de un lugar en el olvido.

el próximo domingo

tu herencia la tengo siempre
delante, centelleando, con una vocación
de estampita o espejo antiguo, en el contorno
de las sombras que me acompañan, cruel
estribillo adhesivo y evidente
que no entiende de horario,
lenguaje o compañía.

qué mundo tan diferente
si pensaras en lo pírrico de tu regalo
-que a veces es un detalle insignificante
que vaga entre frases hechas
y otras es demasiado-,
si el valor de lo que conquistaste
no tuviera un áspero regusto
a esa consecuencia universal
llamada olvido: justo
castigo para aquél
que aún no ha abierto
la caja de la vida.