nunca fue tiempo para artistas

nada como sacar la cabeza
por la ventana, recién
levantado, para reencontrarse
con el mundo y sus calles.

abajo, café en vaso
de plástico en mano,
mañana larga en las sienes,
alguien departe sobre alguien:

-en vez de artista
tendría que haber sido mujer,
señora, madre.
en vez de escenarios,
revistas, penas…:
¡hijos y hombres!-.

vuelvo a mi caso,
a hacerme el desayuno,
pensando que quizá
nunca fue buen tiempo para nadie.

mañana de sábado

quitaste la foto
del marco,
de la misma manera
que acabas
con las caras tristes,
y pusiste un poema
mío – recién escrito –
en su lugar.
luego desayunamos,
pusimos una barrita
de incienso
de ésas que nunca
se agotan
y, que yo recuerde,
desde entonces nunca
he dejado – ni pienso
dejar – de escribirte.