palomas sobre el semáforo

tendrás que aprender otra vez
a andar y, las calles,
a tu paso, amanecerán
con una luz distinta.
verás que a tu lado huirán
de la sombra
con el mismo ahínco de cada día,
por más que cambie
la velocidad de sus decisiones,
siempre atentos
a los depredadores, siempre
con escasa voluntad
de dar permiso
a los viandantes.

y de nuevo caerás
en que otra vez atardece,
en que la ida es mejor
que la vuelta si no tienes
compañía. y la soledad
asomará con su aleteo
febril de cosas por hacer,
de sitios donde estar,
porque habrás descubierto
que ahora nunca es el momento
ni el lugar, y lo que era
grande como el mar
se hará pequeño, como
las cosas que de verdad importan;

y, al final, lo entenderás:
que el primero de tus logros
brotará, como la primera
flor, de tu mayor derrota.

Foto: Laura Torres

desde la oficina

seguramente, ahora
te estés levantando
de la cama.
me alegro tanto por ti
los días que no madrugas.
que no tengas que ir
a doblar ropa
o a probar zapatos;
que puedas pasear con las perras
sin prisa,
sentir que hoy no
se te irá la vida y cocinar
con el fuego al mínimo mientras
fumas y canturreas
tu banda sonora favorita.
seguramente, otro día
me tocará a mí esperarte,
mientras escribo cuánto te extraño
y lo mal que se me da
olvidarme de tu ausencia.
seguramente, y como dios
últimamente siempre quiere,
el momento de los dos
pronto llegue.
por ahora, desde la oficina,
no tengo nada más que decirte
salvo que me esperes.

poeta se nace

qué será de mí cuando ya no trabaje
y tenga por delante el milagro
de las horas libres.
espero estar a la altura,
que me persigan las mismas
ganas de moldear el momento
hasta el límite del equilibrio
-y lo sepa ver entonces-.
ensalzar todo aquello
que hago por instinto
y que ahora hago, como
si me escondiese, por necesidad:
pensar en lo que escribo,
dejar cualquier cosa a medias
por ponerme a ello,
rodearme del amor en el rincón
más último, leer
en el sofá, contigo.
y que empiece la tarde.