números para el sorteo

otro artículo que va directo
al hormiguero de mis marcadores,
otro like a un tuit
para que no se me olvide
que merecía la pena leerlo. no he logrado
empezar la novela, el plato de tenedor
de aquel famoso vídeo, esa frase
que tanto me quema en algún
lugar de la boca
tras un largo paseo por mi esófago. la tarde
avanzará y no te llamaré,
como ayer,
como siempre,
y el rato que me quede
dentro de una hora inútil quizá me alcance
para volver a soportarlo, hecho
un ovillo en un lado del sofá,
cuando la programación
y la tensión muscular sean ya el residuo
de otra semana sin días.
y, aunque me despierte
esperándolo, mañana tampoco
llegará, no vendrá a tiempo ese momento
justo en el que todo encaje,
pero tendré el presentimiento punzante
de que será un poco
más fácil
llevarlo mejor que hoy.

mi primer epitafio

podría pasarme lo que queda de tarde
viendo cómo las últimas
gaviotas se suspenden
en las rachas de aire, las mismas
que azotan toldos
y ropa tendida con la violencia
de una pesadilla
de látigos. las nubes, como boyas
descarriadas al subir la marea,
asumen un color que es ya ceniza
sobre un fondo casi oscuro
mientras, más abajo, se apuran
intercambios, sorbos, besos,
números para el sorteo, deseos
de otras noches. me ha costado
su tiempo y mucha luz natural
pasar de ser el gran protagonista
a un simple espectador,
pero, una vez acostumbrado al cambio,
la vuelta es un reproche
imposible y un delirio,
como el final de ahí fuera.
ahora sobrevuelo
el nido, porque me sostiene
el momento, de una eternidad
ajena en la que todo
parece estar a punto
de acabarse.

una vida sin consecuencias

si pudiera hacerte llegar
un mensaje no lo haría. tu obsesión
por la belleza de las palabras
excede al ímpetu que dedicas
a comprenderlas. que no me hizo
falta tu auxilio de bar de abajo
y despedidas apuradas salvo
para enterrar tus virtudes,
a saber, una lista de buenos
ratos y situaciones que nunca
se dieron. de tu agenda
arranqué hasta mi apellido,
pero seguías ignorándolo.
cuando sea el momento,
decías, tendrás que admitirlo;
si fuese por mí, todo sería como antes
y tú no te habrías enterado.