astenia

vamos al revés:
mientras el mundo trata
de sobrevivir aprendiendo a aferrarse
a cada momento, aquí,
desde el cansancio de invertir en lo efímero,
sólo queremos las alas imperfectas del mañana.

nunca un espacio tan reducido
se había parecido tanto a una ciudad,
ya que la ciudad asume pronto el reflejo
de quien la distorsiona, pero también del farol
que generosamente la ilumina,
y acepta que dentro de ella
nazcan, como buenas malas hierbas,
pequeñas soledades satélite que, aun contradiciéndola,
la imiten con otro brillo,
con un ansia distinta.

no le tengo miedo a los cimientos
del aire, hemos sostenido nuestras vidas
con la precipitación de una ambulancia;

lejos,
lo suficiente para que el dolor no alcance
-pero dentro de este idilio de luz
en el que perderse viviendo-,
la posibilidad de una nueva tarde
abre la breve ruta de la reconciliación

queda nada para ser ese cuervo insolente posándose en la antena más alta del barrio.

círculo de tiza en el suelo

esta mañana
pasé con el coche
junto al cercado que convertimos
en parque, minutos
antes de aquel concierto.
tiempo después,
algo equivocados,
seguimos fumando lo mismo.
el semáforo estaba en rojo
como por primera vez
y he decidido
sacar una foto
y por primera vez he vuelto
a la oficina
como quien se sabe viviendo, y al salir
me has llamado.

a ti

te he buscado
por toda la facultad de geografía
a ciegas,
como si de una terminal se tratara
o de un andén,
siguiendo
el caudal de tu ausencia.

te he pensado
durante tantos días, al levantarme
sobre todo,
como si tu olvido un final marcara
o un inicio,
como si volver mañana
no resultase tan estúpido,
haciendo
del ayer un todavía.

Foto: Míriam Méndez