comparte mi rencor

todavía hoy busco un idioma para entender
la extensión de esta ruina. aunque
cuestione el discurso de los que saben,
no siempre la lucha es señal
de resistencia. si ya el impulso
es tan estéril, si ya he ampliado con mi llanto
el cauce hacia un incesante alivio,
para qué empezar, para qué poner
los pies en otro barrio,
en otra época
en la que hay alguien
que otra vez acude.

a mi abuelo

me acuerdo de ti,
justo allí donde coinciden
el disfrute y la exigencia,
quizá porque mi pensamiento vaga a medio
camino entre una playa
y una fábrica.

aunque la edad quemó todas sus naves
en la orilla para proteger el último aliento
de aquel día tan largo,
el tiempo que nosotros emprendimos
tuvo tan poco del sabor de un rato
-el tiempo por el que optamos
se dejó tanto tiempo fuera del mismo-
que las horas acabaron convertidas
en altísimos edificios de arena.

cuántas veces, sin pensarlo,
me sorprendo saludando al conductor
del autobús; bajamos al centro,
el muñeco entre mis brazos
y yo entre los tuyos:
que no acabe nunca el verano,
si tengo que tocar el suelo
que sea para coger un poco de impulso
.

y tu voz, indulgente como siempre,
compitiendo otra vez contra el latido de un corazón
tan joven:
que no nos castigue el tiempo
como no queramos
.