mi primer epitafio

podría pasarme lo que queda de tarde
viendo cómo las últimas
gaviotas se suspenden
en las rachas de aire, las mismas
que azotan toldos
y ropa tendida con la violencia
de una pesadilla
de látigos. las nubes, como boyas
descarriadas al subir la marea,
asumen un color que es ya ceniza
sobre un fondo casi oscuro
mientras, más abajo, se apuran
intercambios, sorbos, besos,
números para el sorteo, deseos
de otras noches. me ha costado
su tiempo y mucha luz natural
pasar de ser el gran protagonista
a un simple espectador,
pero, una vez acostumbrado al cambio,
la vuelta es un reproche
imposible y un delirio,
como el final de ahí fuera.
ahora sobrevuelo
el nido, porque me sostiene
el momento, de una eternidad
ajena en la que todo
parece estar a punto
de acabarse.

a ti

te he buscado
por toda la facultad de geografía
a ciegas,
como si de una terminal se tratara
o de un andén,
siguiendo
el caudal de tu ausencia.

te he pensado
durante tantos días, al levantarme
sobre todo,
como si tu olvido un final marcara
o un inicio,
como si volver mañana
no resultase tan estúpido,
haciendo
del ayer un todavía.

Foto: Míriam Méndez