vestirse en verano

en mi barrio,
al llegar San Juan,
ponen guirnaldas en las calles.
tardan
lo que dura una tarde
en armarlas.

luego permanecen
colgadas durante meses, reivindicando
que el recuerdo del deseo
es más importante que el deseo
mismo; como si la brasa
de ese fuego fuese
al mismo tiempo
el hambre que tenemos
y el pan que anhelamos.

ajada y descolorida,
la última tira, verde o naranja,
caerá gemela de las hojas
volantes en un nuevo
otoño. la oscuridad
nos devolverá,
poco a poco, la esperanza
y tendremos que ir
alargando, como tantas
otras veces, los días
para asimilarlo.