elogio de la velocidad

mi abuela se sube al coche
y emprende su enésima
mudanza. mira por la ventana
con el arrojo de quien
pide una carta
pudiendo plantarse:
dentro de un rato, ya
veremos. piensa
que hace treinta años ya se lo imaginaba
y los días siguen teniendo
ese color de enero,
las calles de tierra y toda la tierra
en las manos. cuida
con la vista cada detalle
de la carretera, como si fueran
miembros de su familia,
porque sabe que a cada pequeño recuerdo
hay que tratarlo con mucho cariño
y darle su espacio. un día,
de repente,
puede que la vida esté compuesta
solamente por ellos.

*de mi primer poemario, “que empiece la tarde”.

círculo de tiza en el suelo

esta mañana
pasé con el coche
junto al cercado que convertimos
en parque, minutos
antes de aquel concierto.
tiempo después,
algo equivocados,
seguimos fumando lo mismo.
el semáforo estaba en rojo
como por primera vez
y he decidido
sacar una foto
y por primera vez he vuelto
a la oficina
sonriendo, y al salir
me has llamado.