con esto dejo de esperarte

la tarde al fin se hizo palabra. cuando
llegó, al estilo de la policía o los malos amantes,
yo andaba ya medio desnutrido de tanto racionar
mi apetito, pero con más empeño
que cuando lo único que hacía era esperarla.

porque me la tuve que inventar: fueron los años
sin calendario y de enterrar, tampoco a mucha
profundidad, las pistas del sueño. dormir
cuando la madrugada es un casino era imposible;
escribir con la cabeza mirando al suelo,
el más absurdo de mis desvaríos; tratar
de que el futuro se me enquistara entre los dedos, algo
tan inoportuno como pensarse siempre en la infancia…

y por primera vez alcé los brazos como respuesta al cansancio.
me acerqué un poco más hacia esa esquina
por donde sabía que vendría su sombra
para advertirla, aunque fuese medio minuto, antes.
pero en lugar de su estela, me encontré con que el silencio empezó
a perseguirme, y no dudé más:
en ese hueco donde hasta la tierra calla puse mi nombre.
desguacé la moto, encendí otro cigarro
y empecé a posponer mis planes.

mientras te miro

ahora mismo está
durmiendo
la siesta.
en la casa huele
a café recién
molido
y a cansancio.
ha sido una mañana
dura, excesiva,
pero hemos conseguido
estar juntos
a la hora – tardía –
de comer.
antes me preguntó
si estoy bien, y le respondí
que sí,
que no tengo (cómo
iba a tenerlo) nada
de qué preocuparme.
luego,
o al día siguiente, nos
las veremos con lo extraño
del verano,
aunque sea costumbre,
y proseguiremos
con la búsqueda
de lo que ha de llegar.

Foto: Laura Torres