una vida sin consecuencias

si pudiera hacerte llegar
un mensaje no lo haría. tu obsesión
por la belleza de las palabras
excede al ímpetu que dedicas
a comprenderlas. que no me hizo
falta tu auxilio de bar de abajo
y despedidas apuradas salvo
para enterrar tus virtudes,
a saber, una lista de buenos
ratos y situaciones que nunca
se dieron. de tu agenda
arranqué hasta mi apellido,
pero seguías ignorándolo.
cuando sea el momento,
decías, tendrás que admitirlo;
si fuese por mí, todo sería como antes
y tú no te habrías enterado.