no podía ser de otra forma

cuando dormía en tu país
también oía esas voces,
en ese país tan soberano
pero sin capitales,
porque era otro sitio
donde era imposible
dejar la mente en blanco.
han tenido que pasar
los años y las oportunidades
y sin embargo, cuando
vuelvo del tránsito, tengo
en la cabeza la frontera
con tus pasos: mi más
postrera y franca aportación
a tu defensa.

Cuando salgo de su casa,

después de visitarla otra vez, escojo la calle que peor me va para regresar. Lo hago porque ella siempre sale al balcón para alargar la despedida. Me busca con la paciencia de quien puede abarcarlo todo y cuando, al fin, da con mi silueta en el tapiz de la plaza, alza y mueve despacio su mano, con la misma cadencia que muestran los años pasando ya para los dos, y yo me giro varias veces para imitarla mientras camino, sin detenerme, para no quitarle valor a un nuevo “hasta luego”. De todo lo que me da, ésto es lo que recuerdo con más ternura. Bueno, habría que añadir que, una lejana mañana de octubre, dio a luz a mi madre.