astenia

vamos al revés:
mientras el mundo trata
de sobrevivir aprendiendo a aferrarse
a cada momento, aquí,
desde el cansancio de invertir en lo efímero,
sólo queremos las alas imperfectas del mañana.

nunca un espacio tan reducido
se había parecido tanto a una ciudad,
ya que la ciudad asume pronto el reflejo
de quien la distorsiona, pero también del farol
que generosamente la ilumina,
y acepta que dentro de ella
nazcan, como buenas malas hierbas,
pequeñas soledades satélite que, aun contradiciéndola,
la imiten con otro brillo,
con un ansia distinta.

no le tengo miedo a los cimientos
del aire, hemos sostenido nuestras vidas
con la precipitación de una ambulancia;

lejos,
lo suficiente para que el dolor no alcance
-pero dentro de este idilio de luz
en el que perderse viviendo-,
la posibilidad de una nueva tarde
abre la breve ruta de la reconciliación

queda nada para ser ese cuervo insolente posándose en la antena más alta del barrio.