la intención de la espina

cuando veo lo malo en los demás
lo achaco a ti, tanto en los ojos
como en las manos. encuentro así un rápido
desahogo, la disculpa que me faltaba,
y entonces me viene nítida la palabra
de un juez de juguete que hace las veces
de doctor las veinticuatro horas del día
para mi habitual consuelo. dejaste
alrededor de mí mucho más
de lo que hubieras deseado,
porque ocurre que sin mover un dedo
se atasca lo peor de una buena respuesta
en el espacio más amplio
y sale a relucir la colección
de intentos. como cuando digo que voy
a escribir, y una secreta organización mundial
contra el deseo creada para la ocasión
se encarga de acabar con todas
mis esperanzas, la vida en la que no estás
tiene la justa amargura de la ausencia
necesaria y el privilegio cruel
de un lugar en el olvido.

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