poeta se nace

qué será de mí cuando ya no trabaje
y tenga por delante el milagro
de las horas libres.
espero estar a la altura,
que me persigan las mismas
ganas de moldear el momento
hasta el límite del equilibrio
-y lo sepa ver entonces-.
ensalzar todo aquello
que hago por instinto
y que ahora hago, como
si me escondiese, por necesidad:
pensar en lo que escribo,
dejar cualquier cosa a medias
por ponerme a ello,
rodearme del amor en el rincón
más último, leer
en el sofá, contigo.
y que empiece la tarde.

a ti

te he buscado
por toda la facultad de geografía
a ciegas,
como si de una terminal se tratara
o de un andén,
siguiendo
el caudal de tu ausencia.

te he pensado
durante tantos días, al levantarme
sobre todo,
como si tu olvido un final marcara
o un inicio,
como si volver mañana
no resultase tan estúpido,
haciendo
del ayer un todavía.

Foto: Míriam Méndez

fábula del escorpión y la cabra

a lo mejor, el truco
estaba en esperar
sin desmerecer la espera.
sabiendo desde el principio
que tendremos
que querernos
lo que dura una vida
entera,
tendrían que habernos
enseñado
a valorar por igual
los momentos
de pelea
y los ratos de divertimento.
tendrían que habernos
dicho, sin rodeos,
que todo lo que venía
iba muy en serio.

a lo mejor, sin más,
el truco estaba
en admitir que nos amamos
como espejos.

como siempre

ante todo, por ahora,
quiero que estés
tranquila (aunque
no sea el más indicado
para afirmártelo)
y que te fijes
en una cosa: la vida,
tantas veces
impasible y lejana,
nos va poniendo
en los lugares
necesarios
y las puertas, ya
no tanto por inercia,
se acaban abriendo.

y desde este último
umbral, yo quisiera
poder verlo todo
a la primera,
y tú quisieras
aun más tiempo
después de esa
primera vez, y ambos
transitamos torpes
por esa parte de la historia
que está lejos
alargando cada día
más los brazos,
reclamando
lo que, por derecho,
siempre hemos creído
nuestro, dando
cada vez más por sentado
que amamos
lo que tenemos
-y no tenemos
intención
de estropearlo-.

nerviosa gracia

hoy te vi inmortal cuando despertabas,
rayada de luz, de sombra, de vida,
de sueño y umbral tan desatendida
que quise quitarle al día su causa.

hoy te vi soñar cuando te acostabas,
cuando al fin a la noche te rendías
y tu exacta y nocturna anatomía
esbozaba el camino a la alborada.

mañana te veré otra vez, prestada
a ser tan intensa, y tan decidida
a ser mejor, aunque te falten ganas,

que olvidaremos las horas perdidas,
reivindicando esa nerviosa gracia
que me sigue, que me da, que me guía.