la generación formada

lleva semanas echando currículums.
cada día más temprano,
ahora que se va agotando el tiempo
y una hora de menos es un billete
directo a la ceguera. se sabe los mecanismos,
incluso está capacitada para enseñarlos,
desde que las alas que hace unos años
completaban el vehículo más veloz
son ahora la pieza más cotizada de una idónea
armadura. nos queda por recibir una última
visita: la que nos obligue a reformular
nuestro vocabulario, a cambiar el horario
y sus ventanas, a volver a mirar
la ciudad con la inconclusión que promete
un río -la que empieza a tornarse necesaria
cuando ya no es una opción-. porque
es mirar la pantalla otra vez como
quien se asombra ante el anuncio del medicamento
definitivo: para qué curar nuestros males,
si no existen, si son imaginaciones nuestras;
salga a la calle, que el mundo sigue siendo suyo.

comparte mi rencor

todavía hoy busco un idioma para entender
la extensión de esta ruina. aunque
cuestione el discurso de los que saben,
no siempre la lucha es señal
de resistencia. si ya el impulso
es tan estéril, si ya he ampliado con mi llanto
el cauce hacia un incesante alivio,
para qué empezar, para qué poner
los pies en otro barrio,
en otra época
en la que hay alguien
que otra vez acude.

no podía ser de otra forma

cuando dormía en tu país
también oía esas voces,
en ese país tan soberano
pero sin capitales,
porque era otro sitio
donde era imposible
dejar la mente en blanco.
han tenido que pasar
los años y las oportunidades
y sin embargo, cuando
vuelvo del tránsito, tengo
en la cabeza la frontera
con tus pasos: mi más
postrera y franca aportación
a tu defensa.

ejercicios de tiro

la vida la hacen ciertas
tardes en las que ocurren
los hechos más improbables.
en aquélla, se acercaba
el silencio desde muy pronto,
cada vez más incisivo
hasta la orilla,
arrastrando los últimos
vestigios de una enfermedad
transparente. lo que nos
esperaba, no por increíble
era menos sabido,
y todos se ponían de acuerdo
en destacar el desastre.
lo único que me calmaría
en un futuro próximo sería
avanzar veinte años o retroceder
diez, tan de golpe que la sangre
que en otro tiempo pretendiese
desbordarse no alcanzara
a inundar mi juventud.
ahora es reconfortante
disparar contra una pared
desgastada, saber que no me dio
para pasar hambre,
que no podré poner
de mi bolsillo la velocidad
y la hora exacta,
y para cuando lo que no puede ocurrir
me cambie estaré despierto,
guardando en la garganta
el miedo y su fuente.

la intención de la espina

cuando veo lo malo en los demás
lo achaco a ti, tanto en los ojos
como en las manos. encuentro así un rápido
desahogo, la disculpa que me faltaba,
y entonces me viene nítida la palabra
de un juez de juguete que hace las veces
de doctor las veinticuatro horas del día
para mi habitual consuelo. dejaste
alrededor de mí mucho más
de lo que hubieras deseado,
porque ocurre que sin mover un dedo
se atasca lo peor de una buena respuesta
en el espacio más amplio
y sale a relucir la colección
de intentos. como cuando digo que voy
a escribir, y una secreta organización mundial
contra el deseo creada para la ocasión
se encarga de acabar con todas
mis esperanzas, la vida en la que no estás
tiene la justa amargura de la ausencia
necesaria y el privilegio cruel
de un lugar en el olvido.

eterna deriva de un beso

si te necesito no lo sé.
pero hay una fuerza insólita,
oculta en su forma de secreta
amenaza, que no ha parado
de crecer dentro de mí
hasta convencerme.
me aguarda siempre,
entre los últimos
pensamientos antes
de dormirme, la imagen
distorsionada de nuestros
momentos juntos -pendientes
de un reloj, de un pitido-,
diminuta como el cadáver
de un insecto, llevado al suicidio
en la noche de autos.
y como sé que no me sirve
hacer recuento, que no
voy a encontrar un solo
motivo que excuse esta nada,
me juro a mí mismo
que estoy en lo cierto:
el más largo tiempo
me ampara. no existes.
seguro que también lo prefieres.

tu triunfo

pienso en tu pasado
como si fuera otra vida,
una vida muy diferente a la que tenías
pensada para luego,
envuelto en facturas
que no se pueden inflar
porque se pagan en proporción
a lo que te gastaste;
rodeado de amigos
que pronto se toparán
con la evidencia,
amigos sin vidas pasadas
no tan prestados al indulto,
sin miedo a vender su escaso
patrimonio al próximo cambio
de moneda. tu familia entera
cabrá en una foto, o mejor:
como siempre buscaste,
tu hijo será un perfecto
modelo de muestra
para marcos. y todo esto te lo contaré yo,
puesto que a nadie más le ha importado
últimamente, mucho más adelante,
cuando ya no puedas oírme
y ya no me duela. porque,
para cuando te des cuenta,
estarás muerto de éxito.